¡Llévame al hospital, pero para que donen mis órganos!

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Japón.- Shi wa inochi o ataeru, (la muerte da vida) fueron las palabras de aquel joven que agonizaba entre los fierros retorcidos de su automóvil. Acababa de salir del trabajo y se dirigía a su casa donde lo esperaba su joven esposa para cenar, los planes habían cambiado y el ingeniero en sistemas rogaba por que lo llevarán al hospital, para que sus órganos fueran donados.

Las heridas eran mortales y sabía que le quedaba muy poco tiempo de vida, la pierna y su brazo derecho habían quedado desprendidos y el charco rojo cada vez se hacía más grande. No me dejen aquí aunque muera que me lleve la ambulancia y que todos mis órganos se los den a quien lo necesite.

De inmediato lo liberaron y se lo llevaron al hospital donde se hizo lo pertinente, para el trasplante hacia tres personas que eran compatibles, todos los médicos al enterarse de la historia, se acercaron al cadáver del ingeniero he hicieron una reverencia mostrándole sus respetos.

Lo mismo hicieron para la esposa del hombre que salvo vidas con determinada decisión.

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