El paramédico que platicó con el Diablo

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Ciudad de México.- La noche de aquél viernes jamás la voy a olvidar, se que es duro el trabajo de paramédico y esta vez el destino nos pondría en una situación que cambiaría nuestras vidas.

Pocas veces platicamos sobre la muerte estando arriba de la ambulancia, pues ese personaje no es bienvenido arriba de nuestra unidad médica, una vez que esta arriba el paciente no permitimos que abordé a la ambulancia la huesuda, lo siento por la muerte pero, en mi ambulancia es mi responsabilidad cada paciente y es mi deber luchar por su vida hasta entregarlo en el hospital, así que no la invoques, ni la menciones decía mi amigo paramédico que ya llevaba muchos años de salvar vidas.

Esta vez era diferente, pues la pregunta era directa, una decepción amorosa cruzaba mi camino y me preguntaba que si valía la pena hacer lo que hacía, que muchas veces he estado muy cerca de morir haciendo lo que hacemos, es cierto que cuando uno está en agonía pasa toda tu vida como una película, ya me había pasado la vez que estuve a punto de morir ahogado, pero en otras situaciónes como cuando me han puesto un arma de fuego en la cabeza, todo se pone en cámara lenta y la vez que me golpearon entre varios pandilleros vi toda la escena desde tercera persona.

Es raro amigo, pero se que hay algo más allá de la muerte no te puedo decir que es, pero la historia no termina aquí, recuerdas cuantas veces hemos fallado y muchas veces no llegamos a tiempo a salvar una vida, le dije al mismo tiempo que revisaba mi celular, esperando un mensaje de ella y como siempre la bandeja de entrada no había nada.

En eso estaba cuando una llamada telefónica nos alertó de un hombre que había sido lesionado por impacto de arma de fuego sobre el pleno Periférico, se encontraba muy grave así que encendí las luces de la ambulancia mientras mi amigo arrancaba a toda velocidad, el reloj marcaba minutos después de las diez de la noche.

La velocidad en la que nos dirigimos hacia que nuestro cuerpo se llenará de adrenalina, la mente daba un sin fin de posibilidades de lo que había ocurrido, pues nunca sabes a lo que te vas a enfrentar.

Los carros se apartaban al escuchar la sirena y otros más detenían su marcha para facilitar el paso, aquí es un trabajo de equipo entre ciudadanos y equipos de emergencias médicas, esto no es un juego una vida esta apunto de perderse.

Solo habían pasado 6 minutos desde que recibimos el llamado de emergencia y parecieron eternos, al llegar vimos un vehículo que se había impactado contra el camellón de los carriles centrales del Periférico a la altura de la plaza comercial de Gran Sur.

Nos bajamos de la ambulancia con botiquín en mano mientras otros dos compañeros esperaban órdenes para acercarse con la camilla, lo primero que hicimos fue revisar sus signos vitales a simple vista presentaba tres impactos de arma de fuego en el tórax, hombro y un rozon en la mejilla, este último de haber impactado unos centímetros más quizá no seguiría con vida.

Mi amigo dio indicaciones, para que trajeran la camilla aun se puede salvar, hay que detener esa hemorragia, escuche que me dijo al mismo tiempo que su voz se escuchaba un eco profundo como si se alejara y algo sucedió en el ambiente, todo comenzó a moverse muy lento todo sucedía en cámara lenta y el sonido de las patrullas, los carros y los rumores fue remplazado con un zumbido.

Todo seguía en cámara lenta hasta que todo se detuvo y vi en tercera persona la escena del crimen como si fuera un espectador, pero ahí observaba mi cuerpo, algo así como su mi alma se hubiera dividido de mi parte física, ahí comencé a tener mucho miedo, en eso un destello me cegó y comencé a ver la escena de lo que había ocurrido con la persona lesionada escapaba en un carro que había robado a un padre de familia y por quitarle el vehículo lo mató a balazos, después emprendió la huida, pero fue alcanzado por los policías con los que se enfrentó a balazos y estos habían lesionado al delincuente, una vez que terminó la escena en el punto de partida, mis manos estaban deteniendo la hemorragia del tórax, y una voz retumbó en mi cabeza, dejalo morir es un asesino.

Por un momento lo dude y recordé lo que había hecho, quizá esa voz tenía razón y debería dejarlo morir, pero mi deber es salvar vidas y no quitarlas, en eso otra vez la voz dijo que los que le habían disparado eran los policías y si se moría sería responsabilidad de ellos y no la mía, fue sorprendente pues la voz ya no salía de mi cabeza, era de un señor que vestía de traje y estaba sentado en el asiento trasero del conductor.

No te asustes soy el Diablo y he venido por este hombre, pero creo que estas retrasando su viaje, quita las manos de ahí para que salga esa sangre que se ha llevado más sangre, y así pueda pagar en el infierno por sus pecados cometidos.

Por un momento supuse que la situación había dado una alucinación a mi mente y que todo se trataba de una mala pasada de mi imaginación, el demonio me dijo que no era ninguna alucinación y que si le ayudaba a que se muriera más rápido «SU CLIENTE» el me agradecería con un favor, en regresarme en el tiempo diez años atrás y con el conocimiento adquirido, para que no cometiera los mismos errores que me habían costado muy caro.

Por un momento pensé en tomar su oferta, pero no le respondí y continúe con mi trabajo, el demonio soltó una carcajada que hasta el momento sigue retumbando en mis pensamientos.

Que tonto eres de todos modos se va a morir y no ganaste nada, solo unos segundos después nuestro paciente lo habíamos subimos a la ambulancia y comenzamos una carrera contra la muerte rumbo al hospital, el delincuente abrió los ojos y dijo que su hora había llegado y todo por aceptar una oferta del diablo hace 10 años, donde le pidió que hiciera algo malo y lo regresaría en el tiempo para remediar sus errores, pero las circunstancias y el evitar esos errores hizo que se conviertiera en un delincuente y hoy se cumple el plazo de esos diez años.

Al terminar esas palabras el paciente dejó de respirar, en es momento escuche nuevamente la carcajada del demonio se escuchó a la distancia y comprendí que solo quería que le diera mi alma en bandeja de plata.

Uno no decide sobre el destino pero si en las circunstancias, las sirenas de la ambulancia se apagaron…

Escrito por: Raúl Gutiérrez

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