Allá afuera esta el mero Diablo

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ALLÁ AFUERA ESTÁ EL MERO DIABLO

Estas muy mal si piensas que el día se termina al meterte a la cama a dormir, puedes cerrar los ojos por un instante y una llamada ingresá al móvil, se trata de una persona desconocida bueno por lo menos para mí, pues la voz del otro lado de la línea me ha escuchado decenas de veces y mi timbre de voz le es muy familiar, tanto que me habla como si nos conociéramos de años.

-Raúl, buenas noches, acaba de ocurrir un accidente, esta muy feo.

-(olvidando saludar y sin saber el nombre del interlocutor me voy directo a la pregunta) ¿dónde ocurrió?

– En Periférico y Tlalpan, un motociclista se partió a la mitad!!

– Gracias vamos para allá…

No importa la hora, ni el cansancio acumulado, la adrenalina recorre mi cuerpo como un calor que nace del corazón y este se acelera, comienzo una carrera contra el reloj. Quizá le pude pedir una foto y solo publicar que un motociclista acababa de fallecer en la dirección ya mencionada y volver a dormir, pero no…

La noticia es más que eso, ir al lugar y escribir cada detalle que se observa, nunca voy solo y se que en cuanto se da la alerta a cualquier compañero del equipo estará a disposición pues la adrenalina también es su principal adicción.

Nunca ir solos, pues el Diablo está afuera y cuando alguien muere de una manera tan violenta, existe cierto ambiente que no encuentro la palabra adecuada para describirlo, es como si el tiempo se detuviera y el silencio se tragará todo ruido.

Lo sé… Quieres saber lo que vimos, te haces muchas preguntas y la principal es la misma que nos hacemos nosotros ¿Cómo es que se partió a la mitad?

La velocidad y una fracción de segundo dónde perdió el control de la moto y el salir proyectado a más de 180 kmh el cuerpo se fue directo al letrero de señalamiento, cual mantequilla con cuchillo caliente el estómago y la columna fueron atravesadas, ambas partes quedaron varios metros de distancia.

La moto impactó contra el muro de contención y quedó en un montón de fierros sin forma, el olor a muerte (una combinación de sangre y viceras) hizo que me mareara por un momento, aún no terminó de acostumbrarme a ese aroma.

Los policías evitan que tomemos una foto y es que para ellos, nosotros los reporteros somos los que buscamos alimentar el morbo de la gente, para vender más…

Llegaron los peritos y recogieron en bolsas todo lo que había quedado regado de los restos mortales del desafortunado sujeto.

Vámonos de aquí es hora de ir a dormir, porque el celular no tarda en sonar y volveremos a la calle a escribir otra historia.

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