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Niña en el espejo

Terror.- 12 años, solo tenía 12 años cuando sentí recorrer ese escalofrió por todo mi ser, ese escalofrío que nunca más dejaría de sentir cada que volteo a ver mi silueta en el espejo.
Han pasado ya 10 años y aún tengo el recuerdo tan fresco, irónicamente, tan vivo. Mi objetivo en la escuela siempre fue pasar desapercibido, lo había logrado durante los últimos 3 años, después me fue anunciado el cambio al cual nos veríamos obligados a hacer al termino del ciclo escolar.

Mi abuela había fallecido y como herencia, además de un collar de perlas falsas que traía siempre puesto, fue una vieja casona ubicada en el norte de la ciudad. Como si fuera parte de una película antigua, cuando crucé por primera vez el umbral de esa habitación, supe que mi vida, además de mi dirección, había cambiado.

Soy hija única así que no tuve que pelear por mi dormitorio que sinceramente, parecía que estaba sola esperándome para hacer de él mi guarida, pronto se darían cuanta mis padres que iba a ser difícil sacarme. Entre como hipnotizada por una voz que me llamaba, una voz tan dulce y tan cercana, la habitación vacía la vislumbre como un lienzo en donde rápidamente imagine todas mis cosas puestas en un perfecto lugar, todo encajaba, todo, excepto ese espejo.
Era un espejo de pie con un marco de madera desgasta y evidentemente maltratado, era lo único que no cuadraba en esa habitación tan vacía y tan dispuesta para mí. Supe que no lo quería ahí – para que quiero un espejo tan grande que me recuerde lo detestable que me siento – me postre delante del espejo esperando encontrar mi silueta desaliñada,

esperando sentir repulsivo mi propio ser. No fue así, me sentí atraído por lo que veía, me sentí especial y poderoso, me sentí con energía y con un aire de superioridad…

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